Vivian
Entró en casa tarde por la noche, con los tacones en la mano y los pies doloridos. El éxito de la noche aún parecía resonar en los silenciosos pasillos de la mansión. El salón de la galería había estado lleno, coleccionistas disputándose cada escultura con ofertas audaces, periodistas ansiosos tomando nota de cada detalle, y los periódicos ya prometiendo titulares para la mañana siguiente. Incluso el famoso y reservado Brete Duarte, que rara vez aceptaba exponerse, había dejado la velada