Eduardo
En los primeros días después del accidente, Eduardo casi no durmió.
Cuando finalmente cedía al cansancio, el sueño lo traicionaba.
Las pesadillas siempre lo llevaban de vuelta a la carretera: la noche fría, el olor a gasolina, la sangre corriendo por el rostro de Vivian mientras él gritaba su nombre sin obtener respuesta.
Siempre despertaba de la misma manera: sudando, con el pecho ardiendo, con la certeza de que no lograría sobrevivir si ella moría.
Pero Vivian se estaba recuperando…