Capítulo 98
Entré al agua. Estaba ardiendo. Perfecto. Me hundí hasta que solo quedaron fuera la cabeza y las rodillas. El calor me abrasó la piel, me quemó las lágrimas que no sabía que estaban ahí. Apoyé la nuca en el borde y miré el techo. Hasta el techo tenía su marca: molduras discretas, luces empotradas qu