Tragué saliva. El corazón me latía en los oídos.
—Quiero —respondí, voz temblorosa pero decidida—. Quiero todo contigo. Hoy.
Me miró a los ojos un segundo eterno, como asegurándose de que no había duda. Luego sonrió, esa sonrisa torcida, vulnerable, que solo me regalaba a mí y me besó de nuevo mient