El corazón me dio un vuelco.
—¿De verdad? —pregunté, la voz temblorosa.
—De verdad.
Me acerqué. Me puse de puntillas. Lo besé yo esta vez. Suave al principio, luego más profundo. Sus manos subieron a mi cintura, me apretaron contra él. No había urgencia animal como la noche anterior. Solo ternura. C