Capítulo 55
La luz del sol se filtraba por las rendijas de las persianas cuando abrí los ojos. El reloj marcaba las 6:00. El cuerpo de Sebastián seguía pegado al mío por detrás, su brazo rodeándome la cintura con una posesión tranquila, como si incluso dormido no quisiera soltarme. Su respiración era profunda y