Capítulo 37
Nos quedamos así un rato más, sin movernos mucho. El silencio se hizo más profundo, más pesado por el cansancio acumulado. Mis párpados empezaron a pesar, el collarín me obligaba a mantener la cabeza en una posición incómoda pero ya me estaba acostumbrando al dolor sordo. El calor de Sebastián a mi