—Señora Blackwood, qué gusto verla.
—Hola, Javier —respondí con una pequeña sonrisa.
El trayecto fue silencioso al principio. Sebastián miraba por la ventana, pero de vez en cuando sus ojos se desviaban hacia mi barriga. Yo mantenía las manos sobre ella, protectora.
—¿Cómo te has sentido estos dí