La farmacia estaba a un par de calles más. La puerta automática se abrió con un leve sonido al acercarnos, y el cambio de temperatura, más cálido dentro, me envolvió al instante.
El olor limpio, casi clínico, me resultó extrañamente tranquilizador.
Entré primero. Sebastián lo hizo detrás de mí, ma