—No voy a volver a la empresa —dije con firmeza—. Eso no es negociable. Al menos no como tu secretaria.
Él no discutió. Solo asintió.
—Bien. No te lo pediré.
—Pero tampoco voy a desaparecer —continué—. Soy tu esposa. Y voy a estar aquí. Para ti. Para el bebé. Para nosotros. Pero con condiciones,