Cada palabra era como una bofetada. Intenté defenderme, pero la voz me salió temblorosa.
—Quiero a Sebastián. Esto no fue planeado para…
—Ahórrate el discurso —me cortó, levantando la mano.
Dio media vuelta y se fue, dejando la puerta abierta.
Me quedé sola, temblando, con lágrimas quemándome lo