La mandé a nuestro chat.
Sin texto. Solo la foto.
Que viera que seguía aquí. Que seguía respirando. Que no me había roto.
Y que, si quería volver a mí, tendría que darme algo más que cuatro palabras y un “pronto”.
Apoyé la cabeza en el respaldo del banco. Cerré los ojos. Escuché el rumor del agua, l