Capítulo 135
—Buenos días —murmuró, rozando mi frente con los labios.

—Buenos días —respondí, y mi voz salió más ronca de lo que esperaba.

No preguntó nada. Simplemente se quedó ahí, pegado a mí, como si su cuerpo entero fuera una promesa de no soltarme.

Y cumplió.

Todo ese sábado fue una especie de burbuja pega
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