Capítulo 134
El té se había quedado frío en la taza, olvidado sobre la encimera como un testigo mudo de mi insomnio. La luz de la cocina seguía siendo esa penumbra cálida, pero ahora me parecía opresiva, como si las sombras se hubieran acercado un poco más. El teléfono aún en mi mano, la pantalla iluminada con p