—Tengo tres semanas de retraso —admití. Las palabras salieron pequeñas, frágiles—. Justo ahora lo vi en el calendario.
Elle no se inmutó. Solo asintió, como si fuera lo más normal del mundo.
—Entonces necesitas saberlo con certeza. No puedes quedarte con la duda comiéndote viva.
—Lo sé —murmuré—. Pe