Capítulo 130
Cuando terminó la canción, Sebastián no me soltó de inmediato. Mantuvo su mano en la parte baja de mi espalda, firme, como si quisiera recordarle a todo el mundo, y quizás también a sí mismo, que ahí seguía yo. Que no me había movido ni un centímetro.

—¿Quieres seguir bailando o prefieres aire fresc
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