Entramos los tres. Papá estaba boca abajo, la cabeza girada hacia el lado derecho, apoyada en una almohada acolchada especial. Me acerqué despacio y puse la mano en su espalda, justo donde no había cables ni sondas. La sentí subir y bajar al ritmo del ventilador, pero más profunda, más completa.
—Pa