Antonio Ramos
La miro con la respiración acelerada, ella está igual o peor que yo.
—Si, detente —respira profundo —Vamos a un hotel o un lugar más seguro.
—Vamos —digo sonriendo y conduciendo hasta encontrar un hotel.
Sostengo su mano mientras conduzco y ella no deja de mirarlas entrelazadas, se muerde los labios y vuelve a mirar por la ventanilla.
Llegamos a un hotel y me estaciono en el parqueo subterráneo. Le abro la puerta del auto y salimos hasta la habitación más cercana al parqueo.
—Jam