Capítulo 30. Una llamada desesperada.
Justin se sonrió porque había estado esperando eso y estaba preparado, a pesar de la situación peligrosa, mantuvo la calma y comenzó a pensar en una forma de salir de esa situación.
—Escucha, no necesitas hacer esto —dijo Justin, intentando mantener su voz firme y controlada—. Es solo un perro, no vale la pena cometer un crimen por él.
El hombre lo miró con frialdad y apretó aún más la pistola contra la cabeza de Justin.
—No me importa lo que valga el perro, solo sé que me están pagando muy bie