Capítulo 11. Un chantaje.
El General Peterson se quedó en el despacho, mortificado por lo que acababa de ocurrir. Sabía que la tensión entre él y su hija no podía seguir de esa manera, que debía tomar medidas para arreglar su relación con Emma y para sacarla de allí.
Ella no estaría a salvo, mientras permaneciera con él, y la mejor opción era lo que había ideado, no había otra, prefería que Emma se enojara y terminara odiándolo por protegerla a que le sucediera algo, porque de ser así, jamás podría perdonarse a sí mismo