Se podía respirar más tranquilo y nuevamente los latidos de su corazón volvieron a su regularidad, pues aunque aún existía el miedo, sus besos, caricias y la seguridad que él le transmitía, podían hacerla claudicar y sacarla con gran felicidad de su realidad errada. Su mirada era tierna, penetrante y su sola compañía la hacía sentirse tan segura que olvidaba incluso sus más profundos temores.
Hasta ese punto se dio cuenta de que había llegado el momento de hablar sobre las vidas que estaban cr