Al parecer, la espera había terminado y Raúl estaba más cerca de cumplir su objetivo. Estaba más ansioso que nunca después de ver a Ángela en compañía de otro hombre, pero también, sabía que la venganza era un plato que se servía frío y que debía esperar. En su cabeza estaba claro que al final no tendría ningún cambio, ya que no solía cambiar de opinión bajo ninguna circunstancia.
En cambio, Ángela, después de años de amarlo con todos sus defectos, por fin se había quitado la venda de sus ojos,