No sé siquiera cómo acabamos en mi habitación, ni menos aún como él se las arregló para subir con ese pie en mal estado y conmigo.
Pero aquí estoy, en medio de mi cama, recostada y en mi cuarto iluminado solo con algunas velas que están ubicadas en las mesitas de noche a cada lado.
La lluvia arrecia suena furiosa y se desata con todo.
Los malditos truenos siguen allí, sonando a la distancia fuertes y vibrantes.
Cierro los ojos y me cubro con el cobertor hasta la cabeza, estremeciéndome cuand