77. De las que huyen
MARTHA
No sé qué me llevo a decir eso, simplemente salió sin más. Me quedé viendo mi taza de té apenada por el silencio que se prolongó por lo que sentí una eternidad, por mi vista periférica veo a la silueta de Gio en la oscuridad de pie con puños apretados, no se movió ni dijo nada más y me sentí aún más tonta.
Tal vez deba irme, creo que sería lo mejor y no seguir metiendo la pata, no quiero que crea que digo esto porque me ha salvado, porque no es así. Sí, estoy agradecida por todo lo que h