39. Despeja la mente
GIO
Los tres días de espera ya pasaron y fue rápido, pero mi humor no mejoró. Tenía alguna feromona que atraían gente estúpida que me hacían enojar cada vez más.
—¡Esto es una maldita porquería! —lancé el plato de comida a los pies de la mujer que me lo traía— es que no saben hacer nada bien.
La vi temblar de pies a cabeza, trago grueso y antes de que se pusiera con sus excusas me fui a casa, la Nonna me cocina mejor.
—¡Nonna! —llamé cuando entré por la puerta principal —Nonna.
Salió de la coci