126. La tonta, la buena

Martha

Se podría decir que la fiesta fue todo un éxito, mi presentación estuvo bien nadie dijo nada tampoco es que podían hacerlo y tampoco es que Gio los iba a dejar hacerlo. Hoy descubrí una nueva Martha en mí o tal vez sería más correcto decir una Monique en mí, estando en el despacho la adrenalina corrió por mi venas en cuantiosas cantidades y me sentí poderosa, Jean Pierre entendió que conmigo no se juega.

Luego de la cena todos pasaron nuevamente al salón y yo me quise ir a mi casa, estaba muy cansada. Mi embarazo la verdad es que no me ayudaba mucho, solo quería una cama cómoda y una sábana caliente.

Y eso quería hacer o más bien intentaba hacer. Quería irme.

—¿Gio, podemos irnos? —Le pregunté al oído para no incomodar.

—Claro que sí, mi amor cuando gustes— respondió solicito como siempre.

Luego de platicar con él en la habitación todo fue más llevadero, él estaba más receptivo y pendiente de mí, aunque también noté que más estresado.

Tengo sueño así que creo que es conveniente
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