101. Quemar el mundo
GIO
—Me pagaron por sacar de aquí a la mujer sin decir nada, tengo algunas deudas de juego y no pude negarme— Explicó el hombre apenado.
—La mujer de Gio Santori, vale tus deudas de juego ¿es eso así? —llegué a la conclusión en voz alta, toqué con dos dedos mi boca en un gesto pensante.
—No señor Santori, escuché— empezó a berrear como un bebé.
—Tus excusas son tan pobres y patéticas que me das tristeza—. Estaba enojado, mis venas hervían y pedían sangre, pero en el exterior estaba frío y tranq