Max estacionó el vehículo a medio kilómetro de la planta procesadora apagando las luces mientras revisaba su equipo por tercera vez, chaleco antibalas para ambos, dos armas con munición extra, cuchillo táctico, linterna de visión nocturna, y el dispositivo que Morrison había enviado reluctantemente que bloqueaba señales de detonadores remotos en radio de cincuenta metros.
Anabela estaba en el asiento del pasajero con laptop en sus piernas terminando de programar el virus que destruiría cualquie