24 horas después.
Max no había dormido. Había pasado la noche entera coordinando con la Agencia. Con Hugo. Con Damián. Preparando cada detalle.
Su teléfono vibró. Número desconocido.
Era el momento.
—¿Sí?
—Hola, Max —la voz de Lila—. ¿Dormiste bien?
—¿Dónde está Anabela?
—A salvo. Por ahora. ¿Quieres verla?
—Sabes que sí.
—Entonces escucha con atención. Porque solo voy a decir esto una vez.
Max puso el altavoz. Hugo y Damián se acercaron. Escuchando.
—Hay un almacén abandonado en el puerto. Mue