El sobre llegó al departamento de Sofía un viernes a las dos de la tarde por mensajería privada, sin remitente visible, solo un logo discreto de Grupo Velázquez en la esquina inferior del paquete que el portero le subió con la indiferencia de alguien que entrega correspondencia todos los días sin saber que algunas cartas son bombas.
Sofía lo abrió en su estudio con la puerta cerrada y el teléfono en silencio porque llevaba tres semanas esperando este momento y no iba a compartir