Capítulo 10.
En el ventanal enorme del tamaño de la pared, ahí en el pent-house donde Santiago siempre se había sentido el Dios del universo, inalcanzable y sobre todo invencible, se encuentra moviendo una copa de vino tinto de forma controlada una y otra vez. El contenido giraba.
El vino iba y venía con su fuerza.
Así era como le gustaba controlar absolutamente todo lo que sucedía en su vida.
Jadea, frustrado, y toma un trago de ese vino que había estado manipulando una y otra vez.
En ese momento el reflej