Capítulo 49.
El ambiente estaba helado alrededor del doctor Olivares.
Sin embargo para Santiago él era solo un arma más de su arsenal.
— Ahora ve, siéntate en esa maldita silla y escribe el diagnóstico que sea necesario para que esa mujer regrese a mí.
En ese momento el doctor Olivares lo enfrenta, levanta su rostro y sus quijadas se tensan.
— No puedo hacerlo. Estaría no solo a punto de perder la clínica, sino también mi licencia.
Una carcajada inunda el lugar.
— ¿Y crees que me importa? ¿Crees que me importa que estés en la cuerda floja? Escúchame bien. Soy bondadoso…. Demasiado. Pero también puedo llegar a ser cruel—susurra Santiago de forma contundente. — Siéntate. No pienso irme.
Aquí Santiago jala una silla y se sienta.
— Vamos doctor, no pienso irme sin ese documento. Y yo no doy segundas oportunidades.
El doctor Olivares traga saliva y asiente completamente frustrado y a expensas de las decisiones que tomara ese hombre cruel que tenía frente a él.
— — — * * * — — —* * *
En la oficina de Le