Capítulo 32.
En la villa de León Pacheco, Aitana se encuentra en su oficina.
Necesitaba estar alejada.
— ¡Maldición! De nuevo… —susurra a ella al mismo tiempo que hace bola un boceto y lo tira en el bote de basura que está repleto de ellos.
En ese momento tocan a la puerta.
— Deberías descansar— Susurra a León al mismo tiempo que entra a la oficina.
Aitana se siente envuelta en el olor a café.
Sin embargo, se recuerda las palabras que había escuchado de León días atrás.
— Tengo que cumplir con lo que prometí