Capítulo 25.
Aitana se concentra en no romper en llanto, sólo recordar la hacía sentirse igual de rota.
Y así no podía pensar.
— Sí, estaba desesperada porque mi padre estaba internado en el hospital y me acababan de decir que probablemente no despertaría.
— Vaya, qué interesante— dice Damián con una sonrisa en los labios.
— ¿Interesante?— cuestiona a ella más duro de lo que debería— ¿interesante que mi padre desde entonces no ha abierto los ojos?
Al sentir la indignación el abogado Gallardo se pone serio, su mente tendía a irse a los posibles argumentos y eso le encantaba.
— No— Dice él— lamento haberme expresado así pero… para mí como abogado es interesante el momento en el que se pidió la firma, además, ¿era su deseo donar todos sus fondos?
En ese momento se hace un tenso silencio.
— Es algo ilógico, depender de alguien que en cualquier momento puede desaparecer, depender de alguien que no tiene la más mínima dignidad o lealtad hacia los demás— declara Gallardo con la mirada fría y distante.
Ai