Capítulo 22.
Mientras tanto, Damián observa cómo Lore lucha por mantenerse en una sola pieza.
—Lo siento, lo siento— susurra ella al mismo tiempo que agarra las manos de él y las coloca sobre su herida. —Lo lamento, lo lamento.
Las lágrimas de Lore se hacen completamente visibles, y en ese instante el susurra. Delicados diamantes que caen sobre el cuerpo ensangrentado de Damián.
—No… no me dejes— susurra Damián conteniendo el dolor que lo atravesaba por completo.
Cada palabra es un contrato con el infierno,