Capítulo 21.
Roel se encuentra en su oficina caminando, frustrado y desesperado, al mismo tiempo que mira a Santiago, observando cada uno de sus movimientos.
— Es tu obligación mantener el prestigio de nuestra marca, mi legado, el imperio que te di.
— Padre, yo…
¡Pas!
Roel Moreno, acababa de bofetear a su primogénito y único hijo varón.
— ¡Cállate! Eres un hombre patético. ¡Te dejé una empresa magistral, siendo la primera en absolutamente todo! Llena de prestigio, solo reyes y gente de... verdadero poder, podían mostrar nuestras piezas con orgullo, con admiración, con respeto.
El rostro de Roel cambia por completo endureciéndose.
— ¡Y ahora! — grita él, conteniendo la rabia, al mismo tiempo que observaba el rostro confundido de su hijo.
— Pero hemos aumentado...
— ¡No me importa! No me importa si aumentamos las ventas, ¿no te das cuenta? Una pieza de la joyería moreno, artesanal, maravillosamente trabajada, no cualquiera podía presumirla, éramos sinónimo de poder, de exclusividad, de riqueza. Y