Capítulo 20.
En ese momento el turbo ruge provocando eco en las intrincadas paredes del pasillo.
— Tú y sólo tú fuiste el desgraciado que me hizo poner en duda la lealtad de mi hermano. ¡Maldito desgraciado! Con esas frases de niño listo y la lengua filosa de cualquier bastardo que se cree mas porque fue a la universidad… ahora ¡perdí el respeto de mi hermano!
El turbio se arroja contra el como una pared de roca.
Damián evade uno de los golpes, luego otro.
— Dale, cariño, dale. Destrúyelo. Nos ha quitado