Capítulo 134.
Aitana sigue congelada, aunque el calor de los brazos de León la hace sentirse cómoda y tranquila.

— ¿Y los Fernández? — Cuestiona ella con la respiración entrecortada.— Los Fernández no están aquí.

Pacheco se acerca un poco más y después la suelta.

— Su destino sólo es consecuencia de meterse contigo, de no respetar tu vida, de no respetar a la mujer que amo.

La rubia respira profundo y se mantiene en completo silencio.

En el instante en él que se voltea y conecta la mirada con León.

El corazón
Alana Aguilar

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