[Punto de vista de Galvin]
Me senté en mi escritorio, con el pergamino crujiendo bajo mi agarre. Las palabras eran una confusión de impuestos y disputas fronterizas, pero mi mente estaba a kilómetros de distancia.
Ve con ella, Alvin rondaba en mi cabeza, su voz un zumbido bajo e inquieto. La habitación está demasiado silenciosa. Echo de menos su aroma. Echo de menos cómo le late el corazón cuando nos tocamos.
—Cállate —espetó en voz baja—. No es nuestra compañera. Y deja de hablar de ella.
Ment