8. Su felicidad, es la mía
THOMAS
Llego temprano a casa, aún con la ansiedad de esperar una respuesta de Helena. De repente, veo su mensaje en la pantalla y mi corazón late con emoción.
¡Gracias a Dios!, grito, aliviado
Leo su largo mensaje con atención y me apena saber lo que pasó con su abuelita, la señora que la acogió cuando se quedó sola. Yo más que nadie sé cuánto esa mujer ha hecho por ella y el aprecio que le tiene.
Inmediatamente respondo el mensaje:
“Lo siento mucho, Helena, lamento tanto por el susto