28.Celos

Helena

Al llegar a casa, Carmelita me recibió con un abrazo cálido y lleno de cariño. Siempre había sido un soporte para mí, y en ese momento, su presencia fue como un bálsamo para mi alma herida.

—Helena, mi amor, ¿cómo estás? —me preguntó, mientras me acunaba en sus brazos.

Me desmoroné en lágrimas, y ella me dejó llorar, sin decir una palabra. Cuando finalmente me calmé, me miró con compasión.

—No tomes decisiones con la cabeza caliente, mi amor. Tómate tu tiempo, y p
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