Thomas
La puerta de mi oficina se abrió y ella entró, mi esposa, el amor de mi vida. Habían pasado siete largos días sin verla, sin tocarla, sin sentir su calor. Solo el consuelo de saber que estaba con Carmelita y Derek, la mantenía a salvo.
Pero ahora, frente a mí, su mirada había perdido el brillo que siempre la caracterizó. En su lugar, había una mezcla de enojo y odio que me dolía ver. Sus ojos verdes, esos que tanto amaba, me miraban con frialdad.
—Thomas, he venido a