Lorenzo miró hacia la puerta, perdido en sus pensamientos.
¿Enfrentar sus sentimientos? ¿Qué significaba eso? ¿Cuándo no había sido honesto consigo mismo?
¿Arrepentirse? ¿De qué podría arrepentirse?
Qué ridículo. ¡Lorenzo jamás se había arrepentido de sus decisiones!
Lorenzo tomó los documentos que tenía a mano, pero no podía concentrarse en su lectura. Colocó su teléfono justo en el centro de la mesa, asegurándose de no perder ninguna llamada.
Sin embargo, durante la siguiente hora, solo recibi