—No se preocupe, yo puedo sola —dijo Marisela.
Los vegetales y carnes comprados en el supermercado estaban muy limpios, no necesitaban mucho procesamiento, solo había que prepararlos cuidadosamente.
Marisela fue a la cocina, dejando a los dos hombres sentados en el sofá observando y examinando alrededor.
Era la primera vez que ambos entraban a la casa de Marisela. Dos habitaciones y una sala, no era grande, pero muy sencilla y limpia, con un sutil aroma indescriptible en el aire.
—¿Esta casa la