Alguien golpeó la ventanilla del coche. Matías miró instintivamente y, al ver que era Marisela, abrió rápidamente la puerta.
Sin embargo, ella no se dirigió al asiento del copiloto, sino que se metió directamente en el asiento trasero, visiblemente alterada.
—¿Qué pasa? ¿Te encontraste con algún maleante? —preguntó Matías preocupado.
—No, no es eso... —respondió Marisela, tratando de calmarse.
—Matías, ¿podrías arrancar? Por favor, llévame hasta la próxima esquina —añadió con urgencia en su voz.