—Naturalmente vine a darte una sorpresa, si te hubiera avisado, ¿no me habrías rechazado otra vez? —dijo Germán aprovechando el semáforo en rojo para voltear y guiñarle un ojo.
Con esa labia, Germán realmente estaba acostumbrado a conquistar mujeres.
—En la primera instancia, todavía no nos conocíamos bien, pero ahora que llegamos a la segunda, supongo que ya somos amigos —añadió Germán.
—Vengo como amigo a recogerte, no simplemente como abogado, tengo una buena razón.
Marisela lo miró, realment