No solo el ajo, sino cualquier otra cosa con olor fuerte, como el apio, parecía que al crecer tampoco le gustaba nada de eso.
Daniel pidió la comida, evitando lo que tuviera sabor muy fuerte a pescado, así podía evitar que pusieran ajo, y durante la comida, él mismo se encargó de servir los platos.
Del otro lado.
Viendo a un hombre tan considerado y detallista, que sabía cuidar tan bien a las personas, era un contraste total con su apariencia y temperamento, Isabella se sintió aún más conmovida.