—¿Sin valor? Ja, claro, para ti, Lorenzo, nada tiene valor —Marisela lo miró fijamente, temblando y apretando los dientes para contenerse.
Era Isabella quien había tirado su pertenencia, pero Lorenzo la acusaba a ella de ser mezquina.
Al verla al borde del llanto, con los ojos enrojecidos, la expresión de Lorenzo se congeló.
—Solo es un collar, te compraré uno para compensarte —dijo bajando el tono.
—¿Quién quiere tu compensación? Para mí, ni todo el dinero del mundo podría reemplazar su valor —