Además, ella no tenía motivos para burlarse de él, ya que él nunca la había ofendido.
Reflexionando más, cada gesto de Celeste, cada palabra que había pronunciado parecía estar justificada.
Su asombro al verlo aparecer se debía a que lo había reconocido, por eso se había marchado directamente con él;
Cuando él le había ofrecido el jugo, ella lo había aceptado y bebido sin recelos, porque sabía que él no le causaría daño;
Había mencionado que no tenía pareja, que tenía un hermano muy controlador,