Como quien aguarda la presa, Lorenzo vigilaba con determinación. Por más escurridiza que fuera Marisela, él estaba convencido de que tarde o temprano caería en sus manos.A esa hora había muy poca gente. Solo después de las siete comenzó a aumentar el flujo.
Mientras tanto, en la salida del metro al otro lado de la calle.
Una mujer con traje negro salió a paso decidido. Su cabello corto hasta los hombros enmarcaba su rostro, complementado por gafas de sol y mascarilla.
Con el bolso colgado del br